
Yo canto lo que tú amabas, vida mía,
por si te acercas y escuchas, vida mía,
por si te acuerdas del mundo que viviste,
al atardecer yo canto, sombra mía.

Yo canto lo que tú amabas, vida mía,
por si te acercas y escuchas, vida mía,
por si te acuerdas del mundo que viviste,
al atardecer yo canto, sombra mía.

Que me mire a los ojos cuando hablo.
Que escuche mis tristezas y neurosis con
paciencia y aun cuando no comprenda,
respete mis sentimientos.
Necesito de alguien
que venga a luchar a mi lado sin ser llamado.
Alguien lo suficientemente amigo para
decirme las verdades que no quiero oír, aun sabiendo
que puedo irritarme.
Ahora quiero amar algo lejano...
algún hombre divino...
que sea como un ave por lo dulce,
y sepa de otras tierras, y florezca
la palabra en sus labios, perfumada:
suerte de selva virgen bajo el viento...

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Todos, todos tenemos una hora cobarde,
una hora de hastío cuando muere la tarde.
Cuando se va el amigo que nos trae calor,
el amigo de oro con su resplandor.
Cuando se juntan todas las impresiones malas
y el alma es un tejido de finísimas alas.
En el camino aprendí, que puede un sueño de amor
abrirse como una flor y como esa flor morir,
pero en su breve existir... ser todo aroma y color.

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Quisiera esta tarde divina de Octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».
La traducción de esta canción interpretada por el gran Elvis Presley, deja entender un sentimiento de gran amistad, es tan sublime, quise publicarla aquí para que cuando me sienta deprimida, cuando hayan lágrimas en mis ojos y cuando las circunstancias me sean adversas, con un simple click... pueda escucharla:
Cuando
estés abrumada
y te sientas insignificante,
cuando haya lágrimas en tus ojos,
yo las secaré todas;
estoy a tu lado. (Leer más)
Comentarios recientes
hace 1 año
hace 2 años
hace 2 años
hace 2 años
hace 2 años